17 | Diciembre | 2012

Visita a la planta impresora del diario “La Nación”

Fabián Cammarata, Ariel Castro, Leonardo D’Amico y Daniel Rivera cuentan, como periodistas, la experiencia que ellos y sus compañeros de 3er. año de Producción Gráfica tuvieron recorriendo la planta impresora del diario La Nación. A continuación su relato:

 

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El martes 30 de octubre, alrededor de las 17 horas, nos dirigimos a los talleres del diario La Nación (ubicados en el barrio de Barracas), como alumnos de 3º año de la carrera Producción Gráfica. Nos acompañaba la Ing. Julia Fossati, docente titular de la materia Seminario de Tendencias en la Industria de la Comunicación Gráfica.

En la recepción de la planta estuvimos esperando a que llegara el resto de nuestros compañeros. Mientras esperábamos nos entretuvimos mirando una máquina componedora de linotipos que había en exposición junto con una foto en blanco y negro donde se mostraba cómo los empleados componían los textos del diario con las tipografías.

Una vez que el grupo se completó subimos al primer piso y allí nos recibió un responsable del taller, Pablo Mastropiero, que fue quien nos llevó a recorrer toda la planta. En ese primer lugar nos mostró una enorme mesa de madera utilizada por Bartolomé Mitre, fundador del diario.

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Comenzamos visitando el área de Preprensa, donde se reciben todos los archivos digitales que les envían desde las oficinas de redacción del diario en la calle Bouchard, en el barrio de San Nicolás. Además también reciben los archivos digitales del suplemento “Corriere della Sera” que llegan directamente desde Italia.

Una vez aprobados los archivos, en esa área de preprensa, se copian y revelan las planchas en los equipos CTP de la planta.

De ahí nos dirigimos al almacén donde se encuentran las distintas bobinas de papel prensa, esperando ser transportadas hacia las máquinas impresoras.

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El transporte del papel se realiza en forma robotizada, por medio de un sistema de portabobinas (tipo rieles de vías de tren) para alimentar la impresora.

Recorrimos también el depósito de tintas con enormes tanques contenedores que van dosificando la tinta hacia las rotativas.

Luego pasamos al sector de Impresión, compuesto por 2 máquinas impresoras rotativas, cada una de las cuales puede imprimir 72 páginas.

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Desde ese lugar nos dirigimos al sector de Encartado. Allí se compaginan las distintas secciones del diario que se almacenan en forma circular (en forma de bobina).

Nos comentaron que la revista de los domingos y otros suplementos son tercerizados a otras empresas gráficas, las que posteriormente envían los ejemplares a la planta de Barracas para que los inserten dentro del diario.

En el sector de Expedición los ejemplares armados del diario se empaquetan para su distribución.

Por medio de cintas transportadoras los diarios son llevados a las zonas de carga para que cuando lleguen los correspondientes vehículos los transporten al centro distribuidor, es decir que los diarios no son entregados al kiosco directamente, sino que van a los distribuidores, quienes se encargan de repartirlos junto con otras publicaciones en los kioscos y desde estos llegarán al lector.


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Los envíos al interior del país se realizan por vía terrestre y por vía aérea; se despachan también a Latinoamérica y a otros países del resto del mundo.

Nos llamó la atención la limpieza y la pulcritud en toda la planta, como también el orden en todos los sectores. Se respiraba un aire de paz y tranquilidad, al menos en el horario en que nosotros fuimos, que fue después de las 17 horas. A todos los empleados se los veía distendidos, conversando en cada uno de los sectores, esperando a que llegase el momento de comenzar con su tarea.

Por último y como broche de oro, volvimos al sector de Preimpresión, en donde nos agasajaron con una abundante y rica merienda.

Después de más de dos horas de recorrido por la planta, nos fuimos muy satisfechos con la visita, dándoles las gracias a las personas que nos recibieron en la planta del diario La Nación, fueron nuestros guías y nos hicieron aprovechar la visita, a Mariano Renovales y a Pablo Mastropiero.

Por último, también queremos agradecer a quien hizo las gestiones en Fundación Gutenberg para que pudiéramos realizar la experiencia que acabamos de contar.
¡Gracias, Daniel Cabrera!


 

 
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